La otra cara del 7º Foro Urbano Mundial

Foro Social Urbano Alternativo y PopularEn las mismas fechas y en localizaciones muy próximas del centro de Medellín (Colombia) se celebraron dos eventos muy relevantes para cualquier profesional del urbanismo. Mientras el 7º Foro Urbano Mundial, organizado por ONU-Hábitat acogía a unas 25.000 personas procedentes de los cinco continentes, el Foro Social Urbano Alternativo y Popular reunía cientos de participantes procedentes de toda Colombia, así como algunos invitados internacionales. Por supuesto se trata de eventos de magnitudes muy distintas, sin embargo el tamaño no necesariamente refleja la relevancia de cada uno. Ante todo habría que destacar la absoluta asimetría existente entre ambos: mientras el Foro Alternativo tomaba como referencia permanente el Foro Oficial, aunque fuese para criticarlo y construir su propio relato, el Foro Oficial ignoraba en gran medida la celebración del alternativo. Podríamos imaginar que, meramente por sus dimensiones, el Foro Oficial hubiese podido albergar esta reunión de activistas urbanos contestatarios, enriqueciendo la experiencia de todos gracias al contacto entre expertos, políticos y ciudadanos. Sin embargo, es posible que la lógica de ambos eventos los haga incompatibles, al menos en las circunstancias actuales.

Entre los asistentes locales al Foro Alternativo (activistas y ciudadanos de Medellín) se extendía una queja: aunque lo habían intentado insistentemente, les había sido imposible inscribirse al Foro Oficial; sospechaban que en aquel escenario los ciudadanos de la ciudad anfitriona no eran bienvenidos. Desde luego, la imagen de la ciudad de Medellín que se entreveía en ambos foros era completamente contradictoria: mientras el Foro Oficial celebraba sin ambages los grandes éxitos urbanos de la anfitriona, en el Foro Alternativo se oían todas las quejas sobre ese mismo modelo. Sin entrar a valorar la precisión y la veracidad de cada una de las versiones, parece evidente que el conflicto existente en la ciudad más inequitativa del país con mayor inequidad urbana de América Latina debería haber ocupado un espacio el Foro Urbano Mundial, igual que lo tuvieron sus éxitos. El Foro Alternativo, para quienes tuvimos la oportunidad de asistir, mostró una realidad distinta, sobre Medellín, sobre las ciudades colombianas y, en general, sobre la realidad urbana mundial, a la que, hasta cierto punto, se veía en el Foro Oficial.

En los controles de seguridad para acceder al Foro Urbano Mundial no sólo se pasaba por detectores de metales, también había detectores de mensajes subversivos: cualquier pancarta, cartel o camiseta con una leyenda era cuidadosamente inspeccionada por el personal de seguridad de Naciones Unidas (tal tarea no se dejaba al albur del personal local) para evitar que en el Foro se colara cualquier mensaje reivindicativo no autorizado. Aquel era un espacio acotado para poner en contacto a un público muy concreto (responsables políticos por un lado, expertos profesionales y académicos, por otro) y cualquier interferencia por parte de agentes externos era sospechosa. Esta anécdota nos ilustra sobre el ambiente que reinaba en el Foro Oficial, y tal vez en muchas de las instancias de mayor rango de nuestro mundo global: la información que llega a dichos espacios es cuidadosamente filtrada para asegurar la coherencia del mensaje. Sin embargo, este filtrado, y sobre todo los criterios para el mismo, generan un mundo artificial, una realidad muy distante (cada vez más) del mundo en el que vive la generalidad de los habitantes urbanos. Otra anécdota nos permite apreciar la diferencia de perspectivas: mientras un participante del Foro Alternativo decía “es urgente ponerse a trabajar ya mismo, porque hay mucha gente viviendo en condiciones miserables”, en el Foro Oficial una ponente hacía una afirmación en términos similares: “es urgente ponerse a trabajar ya mismo, porque Hábitat III es dentro de tan sólo dos años”. Mientras el minúsculo Foro Alternativo intentaba mirar en todas direcciones para poder entender el mundo, el gigantesco Foro Oficial se esforzaba en no mirar más que hacia su interior.

¿Por qué, en todo caso, era imposible que el Foro Urbano Mundial hubiese albergado el Foro Social Urbano Alternativo y Popular? Probablemente los organizadores de este último habrían querido mantener su autonomía e independencia respecto de los entes oficiales, pero sobre todo hay un problema de fondo: mientras la Política (en mayúsculas) era la protagonista absoluta del Foro Alternativo, la misma Política estaba “prohibida” en el Foro Oficial. Mientras el Foro Alternativo centraba sus debates en los conflictos y las diferencias entre actores urbanos, el Foro Oficial hablaba sobre todo en términos de consensos técnicos y científicos, un ejemplo paradigmático de biopolítica urbana, donde los ciudadanos son apenas las cobayas de instituciones y expertos en la experimentación/intervención urbana. (Por supuesto que hay mucha Política tras este enfoque, pero es un discurso, asumido como “natural”, de sumisión de la Política a los Mercados.) Así pues ambos eventos eran incompatibles por su propia naturaleza, pero también imprescindibles ambos para cualquiera que quisiera formarse una idea completa de lo que pasaba en Medellín esos días y de lo que pasa cada día en el mundo urbano.

Finalmente, en las formas también diferían ambos eventos. El Foro Alternativo tenía una estructura y una agenda clara, combinando espacios para compartir (desde las experiencias más concretas a las teorías más generales) con espacios para definir y construir proyectos colectivos. Los objetivos de la reunión (poner en marcha un cambio, dar respuesta a las demandas de las mayorías invisibles de las ciudades, alterar el actual status quo) estaban claros y el evento se organizó de manera coherente a dichos fines, de hecho cualquier persona que consultase el programa entendía con claridad que papel jugaba cada actividad en relación con la totalidad. El Foro Oficial mostraba una lógica completamente distinta: allí se superponían todo tipo de eventos de forma simultánea, de manera que cada participante se veía obligado a construir su propia agenda de actividades. En medio de una aparente confusión, cada cual encontraba los contenidos y las personas que iba buscando, y dentro de la masa caótica realmente había espacios para casi todo. En este sentido, a pesar de los mensajes oficiales y toda la mercadotecnia, el gran evento oficial resultaba mucho menos monolítico de lo que se podía entrever, ya que bajo la superficie podía encontrarse toda una diversidad de discursos, experiencias y perspectivas. En el otro extremo, el antagonismo del Foro Alternativo, a pesar de su pretensión de apertura, asumía el riesgo permanente, derivado de su propia homogeneidad interna, de construir un discurso tan dogmático como aquel que quería combatir.

En definitiva, la pregunta que debemos hacernos es qué aportan realmente estos eventos. En mi caso particular, la visión del Foro Urbano Mundial desde dentro y desde fuera (desde el prisma del Foro Alternativo y otros eventos de carácter más académico) me ha permitido dar forma a varias ideas vagas que venían asediándome. En particular me planteo si acontecimientos como la imparable urbanización del mundo, la crisis económica y ambiental, y la conflictividad urbana de último cuño no dejan de ser síntomas inevitables de un mismo proceso. Observo cómo la Primavera Árabe se encendió en Túnez a partir de un conflicto en el uso del espacio urbano (la requisa de su mercancía a un vendedor ambulante), igual que en la Plaza Gezi de Estambul, mientras que las protestas brasileñas empezaron con la subida del billete de autobús e inmediatamente empezaron a enfocarse hacia las transformaciones urbanas impuestas por los grandes eventos deportivos. Paralelamente, aunque los movimientos sociales de los países ricos se enfocan hacia otros problemas más abstractos y/o globales, su espacio de acción e intervención está indefectiblemente anclado al espacio urbano. Pero sobre todo me pregunto el porqué de la sorpresa generalizada ante estas movilizaciones y es posible que las respuestas las haya visto por fin con claridad en Medellín: las élites políticas y económicas están cada vez más alejadas del ciudadano común, y corresponde a los “expertos” profesionales y académicos, en este caso del urbanismo, decidir si se especializan en ofrecer a dichas élites una visión edulcorada y “despolitizada” (libre de conflictos) de la realidad, o si se esfuerzan por intentar anclar ambos mundos antes de que definitivamente se rompan sus frágiles vínculos. Es decir, se trata de definir, ante todo, a quiénes servimos.

Carlos Jiménez Romera
Arquitecto, Docente-Investigador
Facultad Diseño, Imagen y Comunicación
Universidad El Bosque, Bogotá

Anexo: documentos del Foro Social Urbano Alternativo y Popular

Algunos documentos críticos:

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